Y entramos en el ranking de las películas de universidades, con campus infinitos y bosques plagados de álamos y sauces con sus hojas caducas, entre amarillentas y toda una paleta de ocres. La Ivy League y sus estrictos códigos parecen más represores, si cabe, en otoño, con el inicio del curso. Y con un paisaje otoñal que se filtra por las ventanas del aulario, descubrimos al afortunado grupo de pupilos bajo la tutela del profesor Keating. Él les enseñará a pensar libremente, a explorar en su interior y a subirse a la mesa “para ver el mundo desde otra perspectiva”.

Los estudiantes reabren "aquel club secreto" que formó el profesor John Keating junto a otros compañeros, con la libertad por bandera y las ganas de rechazar el pensamiento establecido y opresor de una educación asentada en la sociedad. Pero su pasión y sus anhelos se cobran un giro inesperado en la trama (Nuwanda mediante). Oh, Capitán, mi capitán; una obra maestra del cine que pasará a la historia por su acertado guión. Un valor incalculable en estos tiempos de nuevas pedagogias y renovadas técnicas didácticas.

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